COMENTARIO
El título «Señor de los ejércitos», que en otros lugares significa el poder de Dios acompañado de los astros (cfr Sal 29; 103; 104; 148), ahora se pone en paralelismo a Señor, defensor de su pueblo en la guerra (v. 8), y tiene este significado.
Partiendo de que también el cristiano es «templo de Dios» (cfr 1 Co 3,16-17), San Ambrosio aplica las palabras de los vv. 7 y 9 a la entrada de Dios en el alma: «Hay, pues, una puerta en nuestra alma, hay en nosotros aquellas puertas de las que dice el salmo: ¡Portones! Alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria. Si quieres alzar los dinteles de tu fe, entrará a ti el Rey de la gloria, llevando consigo el triunfo de su pasión. También el triunfo tiene sus puertas, pues leemos en el salmo lo que dice el Señor Jesús por boca del salmista: Abridme las puertas del triunfo. Vemos, por tanto, que el alma tiene su puerta, a la que viene Cristo y llama. Ábrele, pues; quiere entrar, quiere hallar en vela a su Esposa» (Expositio psalmi CXVIII 14).