COMENTARIO
Aunque con este salmo se inicia una nueva serie, conecta al mismo tiempo con el anterior en cuanto que ahora el orante alza su alma al Señor (v. 1) y no a los ídolos (cfr Sal 24,4), y en cuanto que muestra quién es el justo que teme al Señor y puede entrar en su Templo (cfr Sal 24,3; 25,12-15).
La oración se inicia con una súplica, hecha al principio en tono genérico de liberación (vv. 1-3), y después concretada en la petición de ser instruido por la Ley de Dios y en la obtención de perdón (vv. 4-7). Continúa con una reflexión sobre el proceder divino: primero contemplando su bondad (vv. 8-10), y después, tras la breve interrupción con la petición de perdón (v. 11), con la descripción de los bienes que el Señor otorga a quien le teme (vv. 12-15). Concluye con una nueva petición de perdón, de liberación de los enemigos y de integridad ante el Señor (vv. 16-21). Fuera ya de la secuencia alfabética con la que está construida el salmo, aparece una breve súplica por Israel (v. 22).
Junto a la petición de perdón y de protección divina, en este salmo se pide con insistencia que el Señor instruya interiormente al hombre y le ayude a seguir sus caminos (cfr vv. 4-5.14.21). Al elevar esta petición el cristiano se apoya en la promesa de Jesús de enviar desde el cielo al Espíritu de la Verdad «que os enseñará todo y os recordará todas las cosas que os he dicho» (Jn 14,26; cfr 16,13) y pide al Padre los dones del Espíritu Santo.