COMENTARIO

 Sal 25,8-10 

«Pecadores» y «humildes» están en paralelismo; humilde es el que reconoce su pecado ante Dios. Las palabras de estos versículos se cumplen en la venida de Nuestro Señor Jesucristo, pues «todas las sendas del Señor son misericordia y verdad ¿Qué caminos les enseñará sino la misericordia, con la cual se aplaca, y la verdad, por la que es insobornable? Ejerce la una en unos, condonando el pecado, y la otra en otros, juzgando los méritos. Y por eso todos los caminos del Señor son las dos venidas del Hijo de Dios: la una de misericordia, la otra de juicio. Por tanto, se acerca al Señor, siguiendo sus caminos, el que viéndose librado, sin merecimiento alguno propio, depone la soberbia y, en adelante, evita la severidad del que lo escudriña todo porque ha experimentado la clemencia del que vino en su ayuda» (S. Agustín, Enarrationes in Psalmos 24,10).

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