COMENTARIO

 Sal 25,16-21 

El santo temor de Dios (cfr v. 12) hace volver constantemente a la oración, para —en primer lugar— pedir sin cesar perdón de todos los pecados (v. 18): de los errores de la juventud (cfr v. 7) y de las transgresiones de la Ley conscientes o inconscientes (cfr vv. 7.11). Sólo la experiencia del perdón divino puede liberar al hombre de su angustia personal (vv. 17-18). Por otro lado, la protección del Señor sobre la vida de quien acude a Él hace que éste pueda mostrarse como digno de respeto ante los demás (vv. 19-21).

Volver a Sal 25,16-21