COMENTARIO

 Salmo 30 

El Señor, rey eterno, cuya voz poderosa se deja oír en la tormenta (cfr Sal 29), ha escuchado la voz suplicante (cfr Sal 28) del enfermo que ha recurrido a Él (Sal 30). Sal 30 canta, desde la experiencia personal, la convicción manifestada en Sal 28,1.

La oración consta de cuatro estrofas: 1) promesa de alabanza al Señor por haber curado al salmista (vv. 2-4); 2) invitación a los fieles para que también alaben al Señor (vv. 5-6); 3) recuerdo detallado de la enfermedad y de la súplica (vv. 7-11); y 4) reconocimiento ante el Señor de la curación, prometiéndole alabanza por siempre (vv. 12-13).

Según el título, este canto era recitado en la fiesta de la Dedicación del Templo, en la que se celebraba su purificación y nueva consagración en el año 146 a.C., tras haber sido profanado por Antíoco IV Epífanes (cfr 1 M 4,36-61; 2 M 10,1-8). De esta forma se actualizaba su contenido aplicándolo a la liberación del Santuario, otorgada por el Señor tras haber permitido que por breve tiempo estuviese en manos de paganos. El cristiano actualiza este salmo aplicándolo a la resurrección de Cristo y pidiendo la participación en ella.

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