LXX / Vulgata 29
Alabanza al Señor,
que rescató al salmista de la muerte
1Salmo. Canto para la Dedicación del Templo. De David.
2Te ensalzaré, Señor, porque me has librado,
no has dejado a mis enemigos alegrarse a mi costa.
3Señor, Dios mío, a Ti clamé y me sanaste.
4Señor, sacaste mi alma del sheol,
me hiciste revivir cuando bajaba a la tumba.
5Entonen, fieles, salmos al Señor,
alaben su santo Nombre,
6porque su ira dura un instante,
su bondad, toda la vida;
al atardecer se hospeda el llanto,
al amanecer, el júbilo.
7Yo pensaba cuando me sentía seguro:
«Jamás vacilaré».
8¡Señor!, por tu bondad
me asentaste como un monte fuerte;
pero cuando ocultaste tu rostro
me quedé asustado.
9A Ti, Señor, clamaba, al Señor suplicaba:
10«¿Qué ganancia hay con mi muerte,
con que baje a la tumba?
¿Te podrá alabar el polvo,
o proclamar tu fidelidad?».
11Escucha, Señor, ten piedad de mí.
Señor, sé mi socorro.
12Has cambiado mi llanto en danza,
has desatado mi saco y me has vestido de alegría.
13Por eso mi corazón te entona salmos sin cesar.
Señor, Dios mío, te alabaré por siempre.