COMENTARIO

 Sal 30,12-13 

«Danza» y «vestido de alegría», contrapuestos a luto y penitencia —«mi saco»— son manifestaciones externas, probablemente cultuales, de la alegría que acompaña a la alabanza; una alegría que brota en el interior, en «mi corazón» —literalmente «mi gloria», quizá en el sentido de «mi salud»— y se expresa con la voz (v. 13).

En la liturgia cristiana este salmo 30 es recitado en la Vigilia Pascual, tras la lectura de Is 54,5-14, en la que se proclama el consuelo y el rescate de Jerusalén después de haber sido abandonada un instante por Dios. En este contexto este salmo muestra su significado profético, en cuanto proclama la forma de actuar de Dios que resucitó a Jesucristo después de que éste hubo gustado la muerte.

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