COMENTARIO
El salmo anterior invitaba a los justos a alabar al Señor (cfr Sal 33,1); en éste una persona singular eleva su alabanza. Proclama que «los ojos del Señor» velan sobre los justos (v. 16; cfr Sal 32,8; 33,18). La construcción alfabética de Sal 34 es similar a la de Sal 25; además en Sal 25 se afirmaba que «el Señor es bueno» (25,8) y ahora se invita a «gustar y ver qué bueno es el Señor» (Sal 34,9). Y es que la bondad del Señor se ha ido manifestando en este conjunto de salmos: el Señor hace justicia (Sal 26), protege y guía (Sal 27), es refugio seguro (Sal 28), deja oír su voz (Sal 29), cura de la enfermedad (Sal 30), no abandona frente a los perseguidores (Sal 31), perdona el pecado (Sal 32) y es creador y providente (Sal 33).
El salmista comienza expresando su propósito de alabar al Señor e invitando a los humildes a unirse a Él (vv. 2-4). El resto del salmo desarrolla las motivaciones para hacerlo así (vv. 5-23). Presenta primero su experiencia personal de haber sido salvado (vv. 5-7) y, desde ella, invita a reconocer la bondad de Dios y a temerle (vv. 8-11); después habla como un sabio que instruye, lleva a quien le escucha a reflexionar y orienta en la buena conducta (vv. 12-15); a continuación proclama que el Señor ve y escucha a los justos (vv. 16-17) y que libra a quienes claman a Él (vv. 18-19), pues Él cuida siempre del justo mientras deja a los impíos ser víctimas de su propia maldad (vv. 20-23).
Al rezar este salmo, el cristiano puede escuchar en él la voz de la Sabiduría de Dios, Cristo, o de la Santísima Virgen, que dio asimismo testimonio de la forma de actuar de Dios (cfr Lc 1,46-55).