COMENTARIO
Exponer sus quejas al Señor delante de los impíos habría sido darles pie para mofarse aún más del salmista y de su confianza en Dios. Por otra parte, las palabras del v. 4 en sentido espiritual son una bella imagen de cómo la oración debe encendernos en el amor a Dios: «Et in meditatione mea exardescit ignis —Y, en mi meditación, se enciende el fuego. —A eso vas a la oración: a hacerte una hoguera, lumbre viva, que dé calor y luz. Por eso cuando no sepas ir adelante, cuando sientas que te apagas, si no puedes echar en el fuego troncos olorosos, echa las ramas y la hojarasca de pequeñas oraciones vocales, de jaculatorias, que sigan alimentando la hoguera. —Y habrás aprovechado el tiempo» (S. Josemaría Escrivá, Camino, n. 92).