COMENTARIO

 Sal 40,12-13 

Apoyado en cómo actúa ese Dios, el salmista pone ante Él sus culpas —causa de que le falte el ánimo y la alegría: «Mi corazón me falla» (v. 13)—, pidiendo a la vez «misericordia» (vv. 12-13). «Así como los vapores oscurecen el aire y no le dejan lucir el sol claro; como el espejo tomado del paño no puede recibir serenamente en sí el rostro; o como (en) el agua envuelta en cieno, no se divisa bien la cara del que en ella se mira; así, el alma que de los apetitos está tomada, según el entendimiento está entenebrecida, y no da lugar para que ni el sol de la razón natural ni el de la Sabiduría de Dios sobrenatural la embistan e ilustren de claro. Y así dice David (Sal 40,13), hablando a este propósito: Comprehenderunt me iniquitates meae, et non potui, ut viderem, que quiere decir: Mis maldades me comprehendieron, y no pude tener poder para ver» (S. Juan de la Cruz, Subida al monte Carmelo 1,8,1).

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