LXX / Vulgata 39
Proclamar lo que ha hecho el Señor lleva a nueva petición de auxilio
1Al maestro de coro. De David. Salmo.
2Esperaba confiadamente en el Señor;
Él se inclinó a mí y escuchó mi clamor.
3Me sacó del pozo de la miseria,
del fango cenagoso,
asentó mis pies sobre roca
y consolidó mis pasos.
4Ha puesto en mi boca un cántico nuevo,
una alabanza a nuestro Dios.
Muchos, al verlo, temerán
y esperarán en el Señor.
5Dichoso el hombre que pone en el Señor su confianza,
y no se vuelve hacia los soberbios,
ni a los proclives a la mentira.
6Muchas maravillas has hecho,
Señor, Dios mío,
muchos, tus designios en favor nuestro.
Nadie hay comparable a Ti.
Si quisiera proclamarlos y pregonarlos,
serían incontables.
7No quisiste sacrificio ni ofrenda,
pero me abriste el oído.
No pediste holocausto ni sacrificio de expiación;
8entonces dije: «Aquí estoy
—como está escrito acerca de mí en el Libro—
9para hacer tu voluntad, Dios mío».
Ése es mi querer,
pues llevo tu Ley dentro de mí.
10He anunciado la justicia en la gran asamblea;
no he cerrado mis labios,
Señor, Tú lo sabes bien.
11No he escondido tu justicia dentro de mi corazón;
he proclamado tu fidelidad y tu salvación,
no he ocultado tu bondad y tu lealtad
a la gran asamblea.
12Tú, Señor, no me cierres tus entrañas;
tu misericordia y verdad me guarden de continuo.
13Me cercan males innumerables,
me asaltan mis culpas y no puedo ver,
son más que los cabellos de mi cabeza
y mi corazón me falla.
14Dígnate, Señor, venir a librarme;
Señor, date prisa en socorrerme.
15Que sean avergonzados y confundidos juntos
los que pretenden quitarme la vida;
retrocedan y queden abochornados
los que me desean males.
16Que se queden espantados de vergüenza
los que me gritan: «¡Vaya, vaya!».
17Que se gocen y se alegren en Ti
todos los que te buscan.
Digan sin cesar: «¡Grande es el Señor!»,
los que aman tu salvación.
18En cuanto a mí, soy pobre y necesitado,
pero el Señor se cuida de mí.
Tú eres mi socorro y mi salvador:
¡Dios mío, no tardes!