COMENTARIO
El salmista pide auxilio divino frente a quienes le persiguen a muerte con palabras que se comentan en Sal 70.
Sal 40 es tipo de aquellos salmos que «con su lenguaje concreto y variado, nos enseñan a fijar nuestra esperanza en Dios: “En el Señor puse toda mi esperanza, Él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor” (Sal 40,2). “El Dios de la esperanza os colme de todo gozo y paz en vuestra fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo” (Rm 15,13)» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2657).
Este salmo (vv. 7-11) es empleado por la Iglesia en la solemnidad de la Anunciación del Señor, mostrando con ello la entrega de la Santísima Virgen a la misión de ser la Madre del Salvador. Ella es la «esclava del Señor» que está dispuesta a cumplir en todo la voluntad de Dios.