COMENTARIO

 Sal 43,2-4 

La «luz» y la «verdad» divinas están personificadas (v. 3): «luz» en el sentido de amor y salvación; «verdad», en el de fidelidad y justicia. En su oración el salmista piensa en el futuro: espera la alegría que producen la contemplación de la presencia de Dios en el Templo y su alabanza (v. 4). Entretanto sabe que Dios es su fuerza. Así también «la ascética del cristiano exige fortaleza; y esa fortaleza la encuentra en el Creador. Somos la oscuridad, y Él es clarísimo resplandor; somos la enfermedad, y Él es salud robusta; somos la debilidad, y Él nos sustenta, quia tu es, Deus, fortitudo mea (Sal 43,2), porque siempre eres, oh Dios mío, nuestra fortaleza» (S. Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 80).

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