COMENTARIO
Apunta a un cumplimiento más allá de la historia: el dominio del rey de Judá, mediante sus descendientes, no sólo será universal sobre toda la tierra, sino que durará por siempre. Son palabras que se cumplen en Jesucristo, rey eterno y universal (cfr Ap 19,16).
La tradición cristiana, a partir de la actualización de este salmo en la Carta a los Hebreos, ha ampliado su significación viendo aludidas en la esposa a la Iglesia y a la Santísima Virgen. En concreto, la segunda parte del v. 10 ha servido para ratificar la verdad de la Asunción de la Virgen a los cielos: «Plena hasta rebosar de tan grandes bienes, la Esposa, Madre del Esposo único, suave y agradable, llena de delicias, como una fuente de los jardines espirituales, como un pozo de agua viva y vivificante, que mana con fuerza del Líbano divino, desde el monte de Sión hasta las naciones extranjeras, hacía derivar ríos de paz y torrentes de gracia celestial. Por esto, cuando la Virgen de las vírgenes fue llevada al cielo por el que era su Dios y su Hijo, el Rey de reyes, en medio de la alegría y exultación de los ángeles y arcángeles y de la aclamación de todos los bienaventurados, entonces se cumplió la profecía del salmista, que decía al Señor: A tu derecha está la reina, adornada con oro de Ofir» (S. Amadeo de Lausana, Homilía 7). La liturgia de la Iglesia utiliza este salmo en la solemnidad de la Asunción de Nuestra Señora y en otras festividades de la Virgen.