COMENTARIO

 Sal 46,5-7 

Ahora parece hablar un sacerdote o levita director de la liturgia, proclamando la fecundidad y frescura de Jerusalén porque Dios, en el Templo, está en medio de ella (cfr Ez 47,1-12; Jl 4,18). Frente a las aguas agitadas y destructivas de los vv. 3-4 aparecen ahora las aguas tranquilas y encauzadas, símbolo de fecundidad (cfr Gn 2,4-10). Dios asiste a la ciudad al «despuntar el alba», momento en el que solían atacar los enemigos.

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