COMENTARIO
Es la misma composición que Sal 14 con ligeras diferencias (ver notas a este salmo). Situado en este lugar del libro, Sal 53 recoge, con Sal 52, la respuesta negativa del hombre a Dios. La respuesta positiva era reconocer el pecado (cfr Sal 51). Quien no escucha la advertencia hecha en Sal 52,9, y sigue obrando el mal pensando que Dios no existe o no actúa, puede ser calificado de necio (Sal 53,2; cfr Sal 14,1).
En Sal 14 a Dios se le llamaba «el Señor» (Yhwh); en este, se le llama «Dios» (Elohim). Este dato hace pensar que Sal 53 sea la forma en que usaba el mismo salmo en otra colección que quizá circulaba en el reino del Norte.
Ante la necedad de no reconocer a Dios comenta San Gregorio de Nisa: «Delante de tan grandes pruebas (…), ¿cómo es posible que el necio diga en su corazón: Dios no existe, y fueron corrompidos y llegaron a ser abominables por quedarse en este pensamiento? Pues la desaparición de Aquel que es realmente el ser debe constituir verdaderamente la corrupción y la disolución de todo lo que existe. Entonces, ¿cómo se podría existir sin estar con el que realmente “es”?, ¿cómo se podría permanecer con el que “es” sin creer que existe? Y el que realmente es el ser mismo es Dios, en sentido propio, como lo testimonia la visión de la teofanía del gran Moisés. Así pues, aquel que expulsaba de su propia mente al ser de Dios diciendo que no existe, destruía su propio existir pues se expulsaba a sí mismo fuera del ser» (In inscriptiones Psalmorum 2,13).