COMENTARIO

 Salmo 56 

La oración del salmo anterior pidiendo a Dios que escuchara y respondiera (cfr Sal 55,2-3) se continúa ahora, rogándole que «tenga piedad» (Sal 56,2). El grito con el que concluía Sal 55 —«yo confío en Ti»— se recoge de nuevo (v. 4) y se desarrolla en términos de seguridad frente a todo lo que pueda hacer el hombre (vv. 5.12).

La oración contiene la súplica de un hombre perseguido (vv. 2-3) que, enseguida, manifiesta su confianza en Dios (vv. 4-5). Pasa luego a describir la acción de los enemigos (vv. 6-7) y pide a Dios que se fije en su dolor (vv. 8-9) y les haga retroceder, ya que él confía y no teme lo que pueda hacerle el hombre (vv. 10-12). Finalmente reconoce ante Dios que ha de cumplir las promesas hechas, pues ya se ve salvado (vv. 13-14). La oración se inserta en el marco literario de la petición (v. 2) y del haber sido escuchado (v. 14). Su desarrollo está marcado por un estribillo en el que se proclama la confianza en Dios (vv. 5.11-12).

El título que acompaña a este salmo presenta a David prisionero de los filisteos, cuando en realidad él mismo fue a refugiarse en Gat, y temiendo por su vida se hizo el loco y se marchó de allí (cfr 1 S 21,11-22,1). Ciertamente puede darse una cierta analogía entre la situación de David en Gat y la que refleja el salmista en su vida, pero una vez más vemos que el contenido del salmo trasciende las circunstancias concretas. Al rezar este salmo, el cristiano recuerda las palabras de San Pablo cuando afirma que nada nos podrá separar del amor de Dios (cfr Rm 8,35-39).

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