LXX / Vulgata 55
Confianza en Dios,
que es más fuerte que los hombres
1Al maestro de coro. Según «La paloma muda de las lejanías». De David. Mictam. Cuando los filisteos lo tenían prisionero en Gat.
2Ten piedad de mí, Dios mío,
porque un hombre me pisotea,
todo el día me hostiga y me oprime;
3todo el día mis adversarios me aplastan,
son muchos los que me acosan, ¡oh Altísimo!
4Pero yo, aun el día en que me invade el temor,
pongo en Ti mi confianza.
5De Dios alabo la palabra,
en Dios confío, no temo:
¿qué podrá hacerme un hombre?
6Todo el día pervierten mis palabras,
todos sus designios son para hacerme el mal.
7Se juntan, se esconden,
observan mis pisadas
como acechando mi alma.
8Por su iniquidad, dales su merecido.
¡Oh Dios, abate con ira a los pueblos!
9Tú llevas la cuenta de mi vida errante;
recoge mis lágrimas en tu odre:
¿no están en tu libro?
10Entonces retrocederán mis enemigos,
el día en que yo invoque;
pues esto sé, que Dios está de mi parte.
11De Dios alabo la palabra,
del Señor alabo la palabra
12en Dios confío, no temo:
¿qué podrá hacerme un hombre?
13Soy deudor, Dios mío,
de los votos que te hice,
cumpliré los sacrificios de alabanza que te debo;
14porque has librado mi alma de la muerte,
y mis pies de los tropiezos,
para caminar en la presencia de Dios,
en la luz de los vivientes.