COMENTARIO
Ya pueden los hombres acechar constantemente —«todo el día» (vv. 2.3.6)—, juntándose muchos (vv. 3.7), que nada malo podrán hacer a quien confía en Dios (vv. 4-5). «Alabar la palabra» (v. 5) significa aceptar y dar gracias a Dios por su promesa de salvación (cfr Sal 50,15); promesa que lleva a confiar en Él y a no temer a ningún hombre. Las palabras del v. 5, en las que se resume la oración del salmo, vuelven a aparecer, casi idénticas, en Sal 118,6. En la Carta a los Hebreos las encontramos como exhortación dirigida a los cristianos para que estén contentos con lo que tengan, desechando toda codicia, «de modo que podamos decir confiadamente: El Señor es mi auxilio y no temeré; ¿qué podrá hacerme el hombre?» (Hb 13,6).