COMENTARIO

 Sal 63,3-6 

El mismo deseo viene encendido por la experiencia anterior de encuentro con Dios en el Templo y por la comprensión del orante de que ese momento es el mayor bien posible, más que la misma vida (vv. 3-4). Este deseo se acrecienta en la oración y en la alabanza del Dios que se ha dado a conocer —«tu Nombre» (v. 5). «El alma que de verdad ama a Dios no puede querer estar satisfecha y contenta hasta que de veras posea a Dios. Todas las cosas que no son Dios, no sólo no la satisfacen, sino que le aumentan el deseo de verle tal cual Él es» (S. Juan de la Cruz, Cántico espiritual 6,3).

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