COMENTARIO

 Salmo 74 

De los salmos de Asaf, éste es el primero en el que aparece la queja a Dios por la situación del pueblo (cfr Sal 77,9-10; 79,1-5; 80,5-7), y el que con mayor dramatismo describe la destrucción del Templo del año 587 a.C. De esta forma, la prueba a la que Dios sometió a su pueblo se hace motivo de oración, de modo parecido a como en el salmo anterior también se hacía oración la tentación sufrida por el salmista ante la prosperidad de los impíos.

La lamentación se inicia con una queja dirigida a Dios por haber rechazado a su pueblo (v. 1) y, enseguida, se le pide que se acuerde de él a causa de la destrucción del Templo (vv. 2-8) y por la situación en que ha quedado el pueblo (vv. 9-11). A pesar de todo se confiesa a Dios Rey y Salvador (v. 12). A continuación se cantan las grandes obras que realizó en la creación (vv. 13-17), y de nuevo se le pide que, viendo la afrenta infligida por los enemigos, salve a los suyos (vv. 18-23). Los once primeros versículos se encuadran en la queja de: «¿Por qué…?» (vv. 1.11), y todo el salmo corre al hilo de la petición a Dios de que «recuerde» (vv. 2.18.22-23). La confesión del v. 12 constituye el centro del salmo.

Aunque Sal 74 expresa el dolor y la prueba que supuso la destrucción del Templo de Jerusalén, su centro de atención es la reivindicación del honor de Dios, su «Nombre» (vv. 10.18.21). Esa reivindicación la llevará Dios a cabo de modo culminante en la resurrección de Jesucristo, nuevo y definitivo Templo de Dios (cfr Jn 2,19-21).

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