LXX / Vulgata 73
Lamentación y súplica ante Dios tras la destrucción del Templo
1Masquil. De Asaf.
¿Por qué nos has rechazado para siempre, Dios mío,
se ha encendido tu ira con las ovejas de tu rebaño?
2Acuérdate de la comunidad que te adquiriste antaño,
la tribu de tu heredad que redimiste,
del monte Sión, en que pusiste tu morada.
3Alza tus pasos sobre las ruinas perennes:
todo lo ha desolado el enemigo en el Templo.
4Tus adversarios rugían en medio de tu lugar sagrado;
izaron como insignia sus propias insignias.
5Se parecían a los que blanden las hachas
subiendo por la espesura del bosque.
6Destrozaron por completo sus puertas
con hachas y martillos.
7Prendieron fuego a tu Santuario,
profanaron abatiéndola a tierra la Morada de tu Nombre.
8Dijeron en su corazón: «¡Destruyámoslos de una vez!».
Incendiaron todos los lugares sagrados de Dios en la tierra.
9Ya no vemos nuestras insignias;
ya no hay un profeta,
ni, entre nosotros, quien sepa hasta cuándo…
10¿Hasta cuándo, oh Dios, afrentará el opresor,
despreciará para siempre tu Nombre el enemigo?
11¿Por qué retraes tu mano,
y tienes tu diestra quieta en tu pecho?
12Pero Dios es nuestro Rey desde antaño,
el que obra la salvación en la tierra.
13Tú dividiste el mar con tu poder,
quebraste las cabezas de los monstruos marinos.
14Tú rompiste las cabezas de Leviatán
y lo diste como pasto a las bestias del mar.
15Tú hiciste brotar fuentes y torrentes;
Tú secaste ríos caudalosos.
16Tuyo es el día y tuya la noche;
Tú estableciste la luna y el sol.
17Tú fijaste todos los confines de la tierra.
Tú ordenaste el verano y el invierno.
18Recuerda esto: el enemigo ha afrentado al Señor;
un pueblo necio ha ultrajado tu Nombre.
19No entregues a las fieras la vida de los que te alaban;
no olvides para siempre la vida de tus pobres.
20Mira la alianza: porque los escondrijos de la tierra
están llenos de cubiles de violencia.
21Que el oprimido no vuelva avergonzado.
Que el pobre y el desvalido puedan alabar tu Nombre.
22¡Álzate, Dios mío, defiende tu causa!
Recuerda las afrentas diarias que te hace el necio.
23No olvides los gritos de tus adversarios:
el tumulto de los que se rebelan contra Ti
sube de continuo.