COMENTARIO
La lamentación se enfatiza, como en otros salmos, con una interrogación dirigida a Dios (vv. 1.10-11; cfr Sal 2,1; 10,1; etc.). En ella se da ya razón desde la fe de lo que ha sucedido: un castigo de Dios para su pueblo, tan grande —la destrucción del Templo—, que el salmista lo entiende enfáticamente como un rechazo «para siempre».