COMENTARIO
El «Señor de los ejércitos», o poderoso en los cielos (cfr Sal 80,8), mora en el Templo donde se manifiesta amable con sus fieles, con los que le confiesan «mi Rey y Dios mío» (v. 4), y donde escucha sus plegarias (cfr vv. 9-10). Es el «Dios vivo» que fortalece interior y físicamente, en todo su ser, al hombre (v. 3; cfr Sal 16,9). El deseo del salmista de estar junto a Dios en el Templo (v. 3) se compara poéticamente a los pájaros que encuentran refugio en su nido. Cuánto más no va a desearlo él siendo el Señor su Rey y su Dios (v. 4). En estar allí y alabarle consiste la felicidad (v. 5).