84Sal

SALMO 84

LXX / Vulgata  83
Manifestación al Señor del ardiente deseo
de morar en su Templo y peregrinar a Jerusalén
1Al maestro de coro. Según «Ha–Guittit». De los hijos de Coré. Salmo.
2¡Qué amables son tus moradas,
Señor de los ejércitos!
3Mi alma añora, desfallece por los atrios del Señor;
mi corazón y mi carne se alegran por el Dios vivo.
4Hasta el pajarillo encuentra una casa,
y la golondrina su nido,
donde poner sus polluelos:
¡tus altares, Señor de los ejércitos,
mi Rey y Dios mío!
5Dichosos los que habitan en tu Casa
te alabarán por siempre.

Pausa

6Dichoso el hombre que tiene su auxilio en Ti,
y en su corazón decide peregrinar.
7Ellos, al pasar por el valle del llanto,
lo convierten en un manantial,
la lluvia temprana lo cubre de bendiciones.
8Caminan con fuerzas renovadas,
hasta ver al Dios de los dioses en Sión.
9¡Señor, Dios de los ejércitos, escucha mi plegaria,
inclina el oído, oh Dios de Jacob!

Pausa

10¡Escudo nuestro, mira,
oh Dios, fíjate en el rostro de tu ungido!
11Pues más vale un día en tus atrios
que mil fuera.
Prefiero estar en el umbral de la Casa de mi Dios
que habitar en las tiendas de los impíos.
12Porque el Señor Dios es sol y escudo;
el Señor concede gracia y gloria;
no niega sus bienes
a los que caminan en integridad.
13¡Señor de los ejércitos,
dichoso el hombre que confía en Ti!