COMENTARIO
Como en el salmo anterior, el salmista no comprende (cfr Sal 89,47-50; 90,11), pero eleva a Dios su petición (cfr Sal 89,51; 90,13-16). Es el único salmo atribuido a Moisés, quizás por la referencia a la creación del hombre del polvo de la tierra (v. 3; cfr Gn 2,7).
El salmista comienza recordando a Dios la protección que dio al pueblo desde el comienzo, y admirando su eternidad (vv. 1-2); a continuación se lamenta, en contraste con lo anterior, de la brevedad de la vida del hombre (vv. 3-6) y de las penalidades sufridas durante toda su vida como castigo divino (vv. 7-10). Pidiendo saber comprender esto eleva una primera súplica (vv. 11-12). Después ruega al Señor que intervenga y dé prosperidad (vv. 13-17).
La sabiduría encerrada en este salmo sobre la eternidad de Dios y la caducidad del hombre es la clave para comprender el modo de actuar de Dios no sólo con los hombres del Antiguo Testamento, sino también después del nacimiento de Jesucristo y en preparación a su segunda venida.