LXX / Vulgata 89
Súplica al Señor, santo y eterno,
ante la brevedad de la vida y sus penalidades
1Plegaria. De Moisés, hombre de Dios.
Señor, Tú has sido nuestro refugio
de generación en generación.
2Antes de que fueran engendrados los montes
y la tierra y el orbe fuesen formados,
desde siempre y para siempre,
Tú eres Dios.
3Al polvo haces volver al hombre,
diciendo: «Vuelvan, hijos de Adán».
4Pues mil años a tus ojos
son como un día de ayer, que pasó,
como una vigilia de la noche.
5Tú los arrastras, son un sueño al amanecer,
como hierba que brota:
6por la mañana florece y crece,
por la tarde es segada, y se seca.
7Pues tu ira nos ha consumido,
tu furor nos ha turbado.
8Has puesto nuestras culpas delante de Ti,
nuestros pecados ocultos, a la luz de tu rostro.
9Todos nuestros días pasan bajo tu indignación,
hemos consumido nuestros años como un suspiro.
10Los años de nuestra vida son setenta,
u ochenta para los más fuertes;
pero la mayor parte de ellos son trabajo y afanes.
pues pasan presto, y emprendemos el vuelo.
11¿Quién entiende la fuerza de tu ira
y tu indignación según el temor que se te debe?
12Enséñanos a llevar buena cuenta de nuestros días,
para que logremos un corazón sabio.
13¡Vuélvete, Señor! ¿Hasta cuándo…?
Ten piedad con tus siervos.
14Sácianos de mañana con tu misericordia,
exultaremos y nos alegraremos todos nuestros días.
15Haznos gozar por los días en que nos afligiste,
por los años en que vimos la desgracia.
16Que se muestre a tus siervos tu obra,
y a tus hijos tu majestad.
17El esplendor del Señor, nuestro Dios, esté con nosotros.
Haz prósperas las obras de nuestras manos,
las obras de nuestras manos hazlas prósperas.