COMENTARIO

 Sal 90,11-12 

La sabiduría que lleva a comprender la vida humana con su brevedad y sus penalidades, sólo puede darla Dios. Por eso se la pide ahora. Para el que cree de verdad «no existen fechas malas o inoportunas: todos los días son buenos, para servir a Dios. Sólo surgen las malas jornadas cuando el hombre las malogra con su ausencia de fe, con su pereza, con su desidia que le inclina a no trabajar con Dios, por Dios. ¡Alabaré al Señor, en cualquier ocasión! (Sal 34,2). El tiempo es un tesoro que se va, que se escapa, que discurre por nuestras manos como el agua por las peñas altas. Ayer pasó, y el hoy está pasando. Mañana será pronto otro ayer. La duración de una vida es muy corta. Pero, ¡cuánto puede realizarse en este pequeño espacio, por amor de Dios!» (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, n. 52).

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