COMENTARIO
A la proclamación de Dios como Rey eterno en el salmo anterior, se une ahora la de Dios como Juez universal (Sal 94,2). El juicio es propio de los reyes, por lo que también este salmo puede considerarse un canto a la realeza de Dios. En él siguen presentes los motivos sapienciales de los salmos anteriores (cfr Sal 92,7; 94.8.12), de modo que la oración continúa incluyendo la reflexión y la meditación.
Se invoca a Dios como juez (vv. 1-2), presentándole la opresión que sufre el pueblo por parte de quienes dicen que Dios no ve lo que hacen (vv. 3-7). Después, dirigiéndose a éstos, el salmista les muestra su error (vv. 8-11). Ante el Señor proclama la dicha de quien conoce su Ley y sus sentencias (vv. 12-15); y ante todos expone su experiencia personal (vv. 16-19) y su confianza en el Señor (vv. 20-23).
El juicio de Dios solicitado en este salmo se realiza con la venida de nuestro Señor Jesucristo (cfr Jn 3,16-21); Él conoce y pone al descubierto los pensamientos más íntimos del hombre (cfr Jn 2,25). Así se cumple verdaderamente el salmo.