LXX / Vulgata 93
Apelación al Señor, juez de toda la tierra,
ante la opresión que sufre su pueblo
1Dios que haces justicia, Señor,
Dios que haces justicia, ¡muéstrate!
2Levántate, Juez de la tierra,
da su merecido a los soberbios.
3¿Hasta cuándo, Señor, los impíos,
hasta cuándo los impíos triunfarán?
4Hablan, dicen insolencias,
se jactan los malhechores.
5Pisotean, Señor, a tu pueblo,
oprimen tu heredad.
6Asesinan a viudas y forasteros,
matan a los huérfanos.
7Y dicen: «El Señor no lo ve,
el Dios de Jacob no se entera».
8Entiendan, gente insensata;
necios, ¿cuándo aprenderán?
9El que plantó el oído, ¿no va a oír?
El que formó el ojo, ¿no va a ver?
10El que corrige a las naciones, ¿no castigará?
Él enseña al hombre la ciencia.
11El Señor conoce los pensamientos de los hombres:
son sólo vanidad.
12Dichoso el hombre a quien Tú enseñas, Señor,
al que le instruyes en tu Ley,
13dándole descanso de los días aciagos,
mientras para el impío se cava la fosa.
14Pues el Señor no rechaza a su pueblo,
ni abandona su heredad;
15hasta que la sentencia vuelva a ser justa,
tras ella vayan todos los rectos de corazón.
16¿Quién se alzará por mí contra los malvados?
¿Quién se levantará por mí contra los malhechores?
17Si el Señor no fuese mi auxilio
pronto en el silencio reposaría mi alma.
18Cuando pienso: «Mi pie vacila»,
tu misericordia, Señor, me sostiene.
19Cuando en mi interior se prodigan inquietudes,
tus consuelos solazan mi alma.
20¿Podrá aliarse contigo un tribunal inicuo,
que produzca agravios so capa de ley?
21Aunque arremetan contra la vida del justo
y condenen sangre inocente,
22el Señor será para mí un alcázar,
mi Dios, la roca de mi refugio.
23Él hará tornar contra ellos su maldad,
y los hará perecer en su propia malicia.
Los hará perecer el Señor, nuestro Dios.