COMENTARIO

 Sal 94,20-23 

Dios no puede ser injusto (v. 20) y, aunque parezca que no actúa (v. 21), lo hará en su momento. Así lo confiesa con confianza el salmista (vv. 22-23). En vez de «será para mí…» (v. 22), los Setenta y la Vulgata traducían «ha llegado a ser…». Del tenor literal de esta traducción se sirvieron los comentaristas cristianos para mostrar la eternidad del Hijo engendrado del Padre: «Este versículo —comentaba San Jerónimo— es eficaz contra los arrianos. En realidad porque son hostiles al Señor, al Salvador, ya que dicen que “ha sido hecho”; pero nosotros lo rebatimos: el Señor ha llegado a ser para mí una fortaleza. Nadie puede dudar de que estas palabras deben entenderse del Padre. Pero cuando se afirma del Padre el Señor ha llegado a ser para mí una fortaleza, hay que entenderlo así: “el Señor, que siempre ha sido, ha llegado a ser para mí una fortaleza”. Así también con el Salvador, que siempre ha sido, pero ha llegado a ser Salvador para mí» (Breviarium in Psalmos 93,22).

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