COMENTARIO

 Salmo 101 

Se escucha ahora la voz de un rey terreno —según el título es un «salmo de David»— que expone su programa de «hacer callar» a los malvados (v. 5). Es lo mismo que en otros salmos se pide que haga el Señor (cfr Sal 64; 69). El rey aparece así como instrumento por el que Dios va a ejercer su reinado cantado en los salmos anteriores.

Comienza con una alabanza a Dios y petición de ayuda para obrar con rectitud (vv. 1-2) y, a continuación, presenta la forma en la que el rey se propone actuar (vv. 3-8): aborreciendo a los que obran mal (vv. 3-5), uniendo a él a los que son fieles a Dios (v. 6) y no admitiendo en su casa ni en el país a los malvados (vv. 7-8). La mención del «Señor» abre y cierra el salmo.

Las promesas hechas por el rey en este salmo se cumplen plenamente en Jesucristo, quien, como Rey sentado en su trono de gloria, separará de Él y de su Reino a quienes no hayan obrado con misericordia (cfr Mt 25,31-46).

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