COMENTARIO

 Salmo 110 

Con este salmo se cierra el grupo de Sal 101-110 que se abría con la presentación de un gobierno justo por parte del rey (cfr Sal 101). La atención a la figura del rey sirve de marco a una colección de súplicas y acciones de gracias en cuyo centro está la contemplación de la fidelidad de Dios a su Alianza (Sal 105) y de su misericordia hacia su pueblo (Sal 106). En el lugar que ocupa, Sal 110 muestra además, frente a la debilidad del salmista suplicante en el salmo anterior (cfr Sal 109), la dignidad y el éxito que el rey tiene porque Dios se los otorga (cfr Sal 2; 72).

El salmo presenta un primer oráculo en el que Dios hace al rey su lugarteniente (v. 1) y luego se comentan las consecuencias para los enemigos y para el pueblo (vv. 2-3). A continuación se declara, en otro oráculo, el sacerdocio del rey (v. 4) y se hace un comentario sobre su dominio universal (vv. 5-7).

La tradición judía entendió que en este salmo se habla directamente del rey Mesías, hijo de David; los cristianos, siguiendo la interpretación hecha por Jesús, vieron anunciadas en sus palabras la condición divina de Cristo, verdadero Hijo de Dios, y su sacerdocio eterno. Ha de leerse, por tanto, como una profecía.

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