COMENTARIO
Aunque es el rey quien ocupa visiblemente el trono en Jerusalén (Sión), en realidad es el Señor, que también reside en Jerusalén, en el Templo, quien da al rey el poder y la victoria. El comienzo del v. 3 dice, según el texto hebreo: «Tu pueblo viene voluntario el día de tu poder». Se expresaría así el reconocimiento del pueblo que se presenta voluntariamente para engrosar el ejército —«poder»— del rey; pero este sentido no es seguro. Los traductores del libro al griego, los Setenta, entendieron: «Para ti el principado en el día de tu poder», que significaría la permanencia del rey en el trono tras las victorias sobre los enemigos. Esta misma traducción sigue la Neovulgata. Asimismo, la segunda parte del v. 3, siguiendo el texto hebreo, sería: «Entre galas sagradas, desde el seno de la aurora, tienes el rocío de tu juventud». Expresaría el esplendor y la perenne juventud del rey, o que el rey cuenta con la adhesión cada mañana de abundantes jóvenes guerreros. Las versiones citadas lo comprenden de otra forma, tal como hemos traducido. Así significaría la filiación adoptiva del rey por parte de Dios como en Sal 2. En este sentido, sería asimismo parte del protocolo de la coronación del rey.