COMENTARIO
En virtud de la dignidad sacerdotal recibida se augura al rey la protección divina —«a tu derecha», empleando de otra forma la misma imagen del v. 1— que le va a otorgar un dominio universal (vv. 5-7). «Día de su ira» significa el momento en que intervenga y, según la literalidad del texto, se refiere a Dios que sería asimismo el sujeto de las frases que siguen (vv. 5b-7). Se trata de una acción divina presentada a modo de la acción de un rey guerrero que, tras vencer totalmente a los demás pueblos destruyendo sus ejércitos, impone su poder (v. 6) y recorre tranquilo y victorioso su camino (v. 7). Sin embargo, el sujeto de los versículos 6-7 podría ser el rey que, porque Dios le protege a él y expulsa a otros reyes (v. 5), obtiene dominio universal (v. 6), paz y gloria (v. 7). Se interpreten de una u otra forma estos versículos, se trata en definitiva del dominio ejercido por el rey, bien porque Dios se lo entrega, bien porque lo protege para obtenerlo. «Nuestro Salvador fue verdaderamente ungido, en su condición humana, ya que fue verdadero rey y verdadero sacerdote, las dos cosas a la vez, tal y como convenía a su excelsa condición. El salmo nos atestigua su condición de rey, cuando dice: Yo mismo he establecido a mi rey en Sión, mi monte santo. Y el mismo Padre atestigua su condición de sacerdote, cuando dice: Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. Aarón fue el primero en la ley antigua que fue constituido sacerdote por la unción del crisma y, sin embargo, no se dice: “Según el rito de Aarón”, para que nadie crea que el Salvador posee el sacerdocio por sucesión. Porque el sacerdocio de Aarón se transmitía por sucesión, pero el sacerdocio del Salvador no pasa a los otros por sucesión, ya que Él permanece sacerdote para siempre, tal como está escrito: Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. El Salvador es, por lo tanto, rey y sacerdote según su humanidad, pero su unción no es material, sino espiritual. Entre los israelitas, los reyes y sacerdotes lo eran por una unción material de aceite; no que fuesen ambas cosas a la vez, sino que unos eran reyes y otros eran sacerdotes; sólo a Cristo pertenece la perfección y la plenitud en todo, Él, que vino a dar plenitud a la Ley» (Faustino Luciferiano, De Trinitate 39).
Éste es uno de los salmos que la Iglesia utiliza en la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, para expresar que Jesús es el Sacerdote que nos ofrece el pan y el vino de su Cuerpo y de su sangre.