COMENTARIO

 Salmo 118 

Es el último salmo del grupo del Hallel (Sal 113-118), y en él resuena, real o ficticiamente, la voz del rey después de una victoria. El Hallel termina así, como sucede en otros grupos de salmos (cfr Sal 110), con la atención puesta en el rey. En la victoria de éste se manifiesta la fuerza de la misericordia del Señor que se canta en el salmo anterior (cfr Sal 117,2), y su Nombre se muestra excelso sobre las naciones (cfr Sal 113,4). Asimismo Sal 118 señala los efectos de confiar en el Señor (118,8-9; cfr 115,9-11), y cómo se cumple el voto de acción de gracias y de alabanza (118,28; cfr 116,17-19). Unirse a la acción de gracias por la victoria del rey es un aspecto importante en la oración de los salmos.

Comienza con la invitación a dar gracias al Señor dirigida a todo el pueblo (vv. 1-4), y después viene el testimonio, según parece interrumpido por aclamaciones corales, de quien ha salido victorioso de sus enemigos (vv. 5-21): estaba en gran aprieto y recurrió al Señor (vv. 5-9); le cercaron sus enemigos y el Señor le salvó (vv. 10-14); entona un canto de victoria porque ha sobrevivido (vv. 15-18) y acude al Templo para dar gracias al Señor (vv. 19-21). A continuación el pueblo reconoce que ha sido obra del Señor (vv. 22-24), y entre súplicas y aclamaciones pronunciadas a coro se organiza una procesión (vv. 25-28). El salmo concluye con la invitación inicial a dar gracias al Señor (v. 29).

En el Nuevo Testamento expresiones de este salmo se aplican a Jesucristo, porque Él es el Rey Mesías que ha salido triunfador de la muerte (cfr vv. 17-18). Jesús mismo lo recitó en la Última Cena. El cristiano al rezarlo recuerda la pasión de Cristo y da gracias a Dios por haberle resucitado de entre los muertos, mostrando así que su misericordia es eterna.

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