COMENTARIO
El estribillo con que se abre el salmo es una fórmula habitual —sin duda litúrgica— de acción de gracias (cfr Sal 106,1; 107,1; 136), y la forma de dirigir a todo el pueblo la invitación a dar gracias se corresponde con la de invitar a confiar en el Señor en Sal 115,9-11.