COMENTARIO
Que sean «todos los pueblos» los atacantes, aparte de ser un eufemismo, denota que quien habla es el rey. También pudiera ser una ficción poética que idealiza algunas victorias de los reyes para dar fuerza a la acción de gracias del pueblo en la época del segundo Templo (el que había sido reconstruido por Zorobabel a la vuelta del destierro, después de que el de Salomón hubiera sido destruido por Nabucodonosor), y expresar así la convicción de que Dios protege al pueblo. La reiteración del «Nombre del Señor» —el Señor es mencionado en todos los versículos de estas secciones— indica que la victoria se obtuvo gracias al auxilio divino (vv. 10-11). En el v. 14 se reproducen literalmente las palabras del canto de Moisés tras el paso del Mar Rojo (Ex 15,2), mostrando así la continuidad de aquella acción salvífica. Al cristiano le recuerda el Nombre de Jesús que significa: «El Señor (Yhwh) es salvación», y en este Nombre encuentra el fundamento de la virtud de la fortaleza, según también aquellas otras palabras del Señor: «En el mundo tendréis sufrimientos, pero confiad: yo he vencido al mundo» (Jn 16,33).
En sentido espiritual, comprendiendo que los enemigos que cercan al cristiano son los apetitos desordenados, comenta San Juan de la Cruz al hilo de una versión libre del v. 12: «Y de la misma manera que se atormenta y aflige al que desnudo se acuesta sobre espinas y puntas, así se atormenta el alma y aflige cuando sobre sus apetitos se recuesta. Porque, a manera de espinas, hieren y lastiman y asen y dejan dolor. Y de ellos también dice David: Circumdederunt me sicut apes, et exarserunt sicut ignis in spinis; que quiere decir: Rodeáronse de mí como abejas, punzándome con sus aguijones, y encendiéronse contra mí como el fuego en espinas; porque en los apetitos, que son las espinas, crece el fuego de la angustia y del tormento» (Subida al monte Carmelo 1,7,1).