COMENTARIO
Desde su experiencia personal, el salmista invita a todo el pueblo a confiar siempre en el Señor.
Los sentimientos expresados en este salmo brotan de la confianza filial en Dios, como hijos pequeños delante de su padre. Es el camino de infancia espiritual que han expuesto los místicos: «Los niños no piensan en el alcance de sus palabras. Sin embargo sus padres, cuando ocupan un trono y poseen inmensos tesoros, no dudan en satisfacer los deseos de esos pequeñajos a los que aman tanto como a sí mismos; por complacerles, hacen locuras y hasta se vuelven débiles…» (S. Teresa de Lisieux, Historia de un alma 9,4ºr). Y San Josemaría consideraba: «A veces nos sentimos inclinados a hacer pequeñas niñadas. —Son pequeñas obras de maravilla delante de Dios, y, mientras no se introduzca la rutina, serán desde luego esas obras fecundas, como fecundo es siempre el Amor» (Camino, n. 859).