COMENTARIO

 Salmo 137 

En el salmo anterior se alababa al Señor porque libró a Israel de los opresores (cfr Sal 136,24); ahora se recuerda expresamente la situación soportada bajo los «opresores» babilónicos (Sal 137,3). Se pide al Señor que actúe con ellos con más rigor aún que el que mostró contra el Faraón y los reyes del tiempo de la conquista de la tierra (137,7-9; 136,10-12). Colocado tras el grupo de «cantos de las subidas» (Sal 120-134), Sal 137 viene a ser eco de Sal 126.

Tras rememorar la nostalgia de Sión sentida en el destierro (vv. 1-3), el salmista lanza un juramento contra sí mismo si se olvidara de Jerusalén (vv. 4-6), y termina pidiendo al Señor el castigo de los deportadores (vv. 7-9). El amor profesado a Sión hace a Sal 137 semejante a los llamados «cantos de Sión» (Sal 42-43; 46: 48; 84; 122; 126).

La lejanía y añoranza de Jerusalén reflejadas en este salmo ayudan al cristiano a hacer más intenso su deseo de llegar definitivamente a la patria celestial. En efecto, vive en este mundo como extranjero, en la dispersión (cfr 1 P 1,1), y sabe que mientras habitamos en el cuerpo, vivimos lejos del Señor, pues caminamos en la fe, no en la visión (2 Co 5,6).

Volver a Salmo 137