LXX / Vulgata 136
El recuerdo del destierro aviva el amor a Jerusalén
1Junto a los ríos de Babilonia,
allí nos sentábamos y llorábamos,
acordándonos de Sión.
2En los sauces, en medio de ella,
colgábamos nuestras cítaras.
3Allí, los que nos deportaron nos pedían cantares,
nuestros opresores, diversión:
«Cántennos canciones de Sión».
4¿Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extraña?
5Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se paralice mi diestra;
6que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en el colmo de mi gozo.
7Recuerda, Señor, que los hijos de Edom,
en el día de Jerusalén, iban diciendo:
«¡Arrasen, arrasen hasta sus cimientos!».
8¡Hija de Babel, devastadora!
Dichoso el que te devuelva el pago que nos diste.
9Dichoso el que agarre y estrelle
a tus niños contra la peña.