COMENTARIO

 Sal 146,1-2 

El «aleluya» inicial, y el final según el texto hebreo, puede haberse insertado al recopilarse los salmos, precisamente para dar un carácter más fuerte de alabanza. La autoinvitación del salmista es similar a la de Sal 103,1, y se completa con expresiones ya acuñadas (cfr Sal 104,33). Las palabras del salmo adquieren más fuerza si se considera el final de la existencia en la tierra: «La contemplación del Profeta, le empuja a situarse, por así decir, en el final de los tiempos. Entonces, viendo la fragilidad de todo lo que, por ser terreno, resulta caduco, no piensa más que en alabar a Dios. Este fin del mundo vendrá presto para cada uno de nosotros: vendrá en el momento en el que muramos y nos desliguemos de cuanto nos rodea. Enderecemos, pues, nuestros afanes hacia lo que constituirá, al fin, nuestra ocupación perenne» (Casiodoro, Expositio psalmorum 146).

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