COMENTARIO
En contraste con la enseñanza de los versos anteriores, se proclama ahora el poder de Dios. Se trata del Dios de Israel —«de Jacob» (cfr Sal 46,8)— pues no hay otro: Él es el creador de todas las cosas. Es, además, el que muestra su misericordia hacia los necesitados en distintas situaciones (vv. 7-9). Por eso se puede confiar en Él en cualquier momento.