COMENTARIO
«Nuestro Dios» (vv. 1.7) es el Dios de Israel al que el salmista contempla ya como redentor del pueblo y creador de todo. A propósito del «entonar salmos» comenta San Agustín: «Un salmo es ciertamente un cántico, pero no un cántico cualquiera, sino acompañándolo con el salterio. Y cuando concluimos este cántico, ¿cesa la alabanza divina? No. Tu lengua alaba por un tiempo, tu vida debe alabar por siempre» (Enarrationes in Psalmos 146,1).