COMENTARIO
La primera parte del libro culmina con este tercer y espléndido canto de la Sabiduría personificada. Como en el primero (1,20-33), sus palabras se pronuncian al aire libre, son proclamadas ante todo el mundo (vv. 1-3). Su llamada, pues, no se dirige a unos pocos privilegiados, sino que se invita invita a todos los hombres a conocerla (vv. 32-36).
Se reclama vivamente la atención de todos, pues la Sabiduría ofrece una instrucción valiosa, plena de rectitud y apartada de toda disposición mentirosa y retorcida (vv. 4-14). Después, se hace notar que las relaciones humanas justas son consecuencia de su acción en el buen orden de la sociedad: la Sabiduría guía a reyes y magistrados para que actúen con justicia cuando la buscan con sinceridad (vv. 15-21). Por último, se explica que su acción no se limita al orden de las relaciones entre los hombres, sino que la Sabiduría está en el origen del orden y la estabilidad del mundo, ya que está presente junto a Dios desde el principio (vv. 22-31).
En este canto, con lenguaje solemne y con figuras tomadas de la cosmogonía tradicional de Israel, se manifiesta la relación entre Sabiduría y creación del mundo y del hombre. La Sabiduría está junto a Dios en la creación y se goza especialmente en su relación con el hombre. Aparece descrita con unos rasgos personales que preparan para comprender más adelante, en el progreso de la Revelación, el misterio de la Santísima Trinidad. En el Prólogo del Evangelio de San Juan se describirá la relación entre Dios y el Verbo con unos términos que recuerdan en parte este texto (vv. 22-30, cfr Jn 1,1; v. 35, cfr Jn 1,4). La dignidad que tiene la Sabiduría en el canto de los Proverbios será atribuida a Cristo en algunos escritos del Nuevo Testamento: en la Carta a los Colosenses se le designa como «primogénito de toda criatura» (Col 1,15) y en el Apocalipsis como «principio de la creación de Dios» (Ap 3,14). En este sentido se lee Pr 8,22-31 en la liturgia de la Iglesia en la solemnidad de la Santísima Trinidad (Ciclo C).
Desde el siglo VI se incluye este pasaje en la Misa de la Natividad de la Virgen María (8 de septiembre). De este modo la Iglesia reconoce que, así como el Verbo es Dios desde la eternidad y está activo en la creación del mundo, la Madre del Salvador de algún modo también habría de estar en la mente de Dios «desde el comienzo» (vv. 22-23). «María, la Santísima Madre de Dios, la siempre Virgen, es la obra maestra de la Misión del Hijo y del Espíritu Santo en la Plenitud de los tiempos. Por primera vez en el designio de Salvación y porque su Espíritu la ha preparado, el Padre encuentra la Morada en donde su Hijo y su Espíritu pueden habitar entre los hombres. Por ello, los más bellos textos sobre la sabiduría, la tradición de la Iglesia los ha entendido frecuentemente con relación a María (cfr Pr 8,1-9,6; Si 24): María es cantada y representada en la Liturgia como el “Trono de la Sabiduría”» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 721).