COMENTARIO

 Pr 9,7-12 

Estas últimas recomendaciones del Prólogo reclaman una dedicación total a buscar la sabiduría, dejando al lado a quienes no la aceptan: el «malvado» y el «insolente». Vuelve a recordarse lo que se había señalado al comienzo: «Principio de la sabiduría es el temor del Señor» (v. 10; cfr 1,7). «Dios, con su sabiduría, puso el fundamento de la tierra —comenta San Teófilo de Antioquía—; con su inteligencia, preparó los cielos; con su voluntad, rasgó los abismos, y las nubes derramaron su rocío. Si entiendes todo esto y vives pura, santa y justamente, podrás ver a Dios; pero la fe y el temor de Dios han de tener la absoluta preferencia de tu corazón, y entonces entenderás todo esto» (Ad Autolycum 1,7).

En la adquisición de la sabiduría hay que contar con la colaboración de todos. También el maestro necesita y agradece las sugerencias y correcciones que recibe, y que le ayudan a rectificar sus errores y a mejorar. De ahí el consejo: «Reprende al sabio, y te cobrará amor» (v. 8). Por eso es tan útil la práctica de la corrección fraterna evangélica (cfr Mt 18,15). Recibir la corrección no es motivo de tristeza sino de alegría, pues ayuda a reparar en aspectos en los que es posible mejorar.

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