COMENTARIO
Los sabios, como los profetas, alzaron con valentía su voz para denunciar las injusticias cometidas por los poderosos. En continuidad con estos testimonios que ofrecen las Sagradas Escrituras «la Iglesia considera deber suyo recordar siempre la dignidad y los derechos de los hombres del trabajo, denunciar las situaciones en las que se violan dichos derechos y contribuir a orientar estos cambios para que se realice un auténtico progreso del hombre y de la sociedad» (S. Juan Pablo II, Laborem excercens, n. 1).