COMENTARIO
En estas máximas sapienciales, y en muchas otras del libro, se descubre un marcado optimismo en la capacidad del hombre para descubrir en sí mismo lo que es bueno y lo que es malo. En ese sentido lo comenta San Basilio: «Ni aun el mismo Salomón, si en sí mismo no hubiera tenido las reglas y medidas de lo justo, no hubiera podido decidir bien y tan al caso aquel juicio tan célebre de las dos meretrices: faltando a las dos testigos con qué probar lo que cada cual decía, acudió al dictado de la naturaleza, por cuyo medio encontró la verdad oculta» (In principium Proverbiorum 9). Y San Josemaría recurría al v. 21 para enseñar que el verdadero discernimiento necesita de la virtud de la prudencia: «El sabio de corazón será llamado prudente, se lee en el libro de los Proverbios. No entenderíamos la prudencia si la concibiésemos como pusilanimidad y falta de audacia. La prudencia se manifiesta en el hábito que inclina a actuar bien: a clarificar el fin y a buscar los medios más convenientes para alcanzarlo» (Amigos de Dios, n. 85).