COMENTARIO

 Pr 17,6 

Se alaba el entorno familiar amable en el que todos (padres, hijos y nietos) sienten la alegría de saberse queridos y aceptados. De hecho, una familia así ayuda a superar las dificultades que se van sucediendo en las vicisitudes de la vida.

«La paternidad divina es la fuente de la paternidad humana (cfr Ef 3,15); es el fundamento del honor debido a los padres. El respeto de los hijos, menores o mayores de edad, hacia su padre y hacia su madre (cfr Pr 1,8; Tb 4,3-4), se nutre del afecto natural nacido del vínculo que los une. Es exigido por el precepto divino (cfr Ex 20,12). El respeto a los padres (piedad filial) está hecho de gratitud para quienes, mediante el don de la vida, su amor y su trabajo, han traído sus hijos al mundo y les han ayudado a crecer en estatura, en sabiduría y en gracia. “Con todo tu corazón honra a tu padre, y no olvides los dolores de tu madre. Recuerda que por ellos has nacido, ¿cómo les pagarás lo que contigo han hecho?” (Si 7,27-28)» (Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2214-2215).

El respeto a los padres irradia serenidad y paz en todo el ambiente familiar y favorece la armonía de toda la vida en familia, pues requiere también el empeño por reforzar los lazos de fraternidad entre hermanos y hermanas.

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