COMENTARIO

 Pr 17,8 

Los proverbios que se van sucediendo en esta serie constatan realidades que se presentan en la vida de los justos y de los perversos, sin que la simple enumeración suponga aprobación o rechazo desde el punto de vista moral.

En este caso concreto, es claro que aunque el soborno permita con frecuencia a quien lo practica conseguir sus objetivos, no por eso deja de ser un grave abuso. En efecto, es una práctica que daña gravemente la justicia y perjudica especialmente a los más desfavorecidos. Quien lo acepta es calificado más adelante como «malvado» (17,23; cfr Qo 7,7).

Volver a Pr 17,8